jesuseusse.dev

El miedo que sientes hoy ya lo conoces. Lo venciste antes sin saber cómo

El problema con los mantras vacíos es que construyen sobre aire. Este artículo es sobre construir sobre tierra firme: sobre lo que ya ocurrió, sobre lo que ya demostraste, sobre el historial que nadie te puede quitar.

El miedo que sientes hoy ya lo conoces. Lo venciste antes sin saber cómo

Si en este momento sientes que el piso se mueve bajo tus pies, este texto es para ti. No para la versión idealizada de ti. Para ti, el de ahora, el que tiene la deuda encima y la despensa casi vacía.

Quiero pedirte algo. Cierra los ojos un segundo y recuerda aquella vez, hace algunos años, cuando no tenías para comer. No porque no fuiste al supermercado. Porque estabas quebrado. Tú y, probablemente, tu familia también.

Recuerda esa frustración. Esa ansiedad de no saber cuándo sería la próxima vez que pudieras pagar la renta, llenar el refrigerador, o tan siquiera tener el pasaje para llegar al trabajo al día siguiente. Ese nivel de desesperación que muy poca gente entiende si no lo ha vivido.

Si pudiste recordar ese momento, es porque ya saliste de él. De una forma u otra, resolviste lo que parecía irresoluble. Y hoy estás aquí. Leyendo esto. Lo cual, en el contexto de lo que viviste, es bastante impresionante.

El miedo que sientes hoy ya tiene historial

Ese miedo que sientes hoy no está equivocado. Es el mismo instinto que te salvó antes. La pregunta relevante no es si deberías sentirlo, sino si lo vas a dejar conducir el auto o lo pones en el asiento de atrás.

Es como cuando un perro que fue abandonado sigue asustándose cada vez que alguien sale por la puerta. No es que sea un perro malo. Es que su memoria está tratando de protegerlo de algo que ya no existe. Tu cerebro, en este sentido, funciona exactamente igual. Solo que tú, a diferencia del perro, puedes actualizar la información.

Saliste de esa situación porque, consciente o no, hiciste lo necesario. No porque tuvieras un plan de cinco pasos. No porque leyeras el libro correcto a tiempo. Lo hiciste con lo que tenías, cuando nadie te garantizaba que podías. Y eso dice algo muy específico sobre quién eres, aunque todavía no te lo creas del todo.

El problema con los mantras que se toman prestados

Hay una industria completa dedicada a venderte frases que suenan bien y no cuestan nada. "El poder reside en mí." "El universo conspira a mi favor." "Soy imparable." Bonito. Muy bonito. Y completamente inútil cuando tienes una notificación de corte de luz en el celular.

El problema con esas frases no es que sean positivas. El problema es que te piden creer algo que aún no has vivido. Es construir un edificio sobre aire y esperar que no se caiga en el primer temblor.

Si vas a usar un mantra, que sea verificable. Que sea tuyo. Algo parecido a esto:

"Ya salí de algo peor que esto. Si lo hice entonces, sin garantías, puedo hacerlo ahora. Tengo el historial para probarlo."

La diferencia no es cosmética. La primera frase es aspiracional. La segunda es evidencial. Una construye sobre lo que deseas. La otra, sobre lo que ya ocurrió. Y lo que ya ocurrió no se lo puede llevar nadie.

Lo que sientes no es debilidad. Es entrenamiento.

Si haz ido alguna vez al gimnasio después de meses sin ir, sabes exactamente lo que viene: al día siguiente no puedes ni bajar escaleras. Todo duele. Y en ese momento tu cuerpo, muy dramáticamente, te convence de que algo está mal.

Pero no está mal. Está construyendo. Hay una diferencia enorme entre el dolor de quien nunca ha levantado peso y el dolor de quien ya está construyendo músculo. El primero duele porque el cuerpo no está acostumbrado. El segundo duele porque algo está cambiando. Tú ya sabes distinguir los dos. Y el que tienes ahora, aunque no se sienta así, es el segundo.

Quien construye algo real siempre va a sentir algo de presión. No porque esté haciendo algo mal. Sino porque está haciendo algo que importa, y las cosas que importan siempre vienen con peso. El resultado llega precisamente porque no paraste cuando dolió.

La fe sola no mueve nada

La fe es necesaria. Nadie va a quitarle eso. Pero la fe sin movimiento es solo espera con buena presentación. Es decir, creer que algo va a pasar no lo hace pasar. Lo que lo hace pasar es lo que haces mientras crees.

El manual de instrucciones que necesitas no está en ningún podcast ni en ningún libro de autoayuda con portada naranja. Está en lo que tú mismo hiciste, consciente o no, para salir de situaciones como esta. Ese historial tuyo, ese que probablemente ni recuerdas bien porque lo viviste en modo supervivencia, es más valioso que cualquier metodología que alguien más inventó para venderla.

Concéntrate en ese historial. Revisítalo. Recuérdale a tu cerebro que ya pasó por ahí, que ya salió, y que el instinto que lo hizo posible sigue exactamente donde lo dejaste. No se fue a ningún lado.

Lo que le diría a mi yo del pasado

No sé lo que viene. Nadie lo sabe, por más que lo finjan con mucha confianza en redes sociales. Pero sí sé esto: quien salió de aquello no era una versión más fuerte, más preparada o más valiente de ti. Era exactamente tú, con lo que tenías en ese momento. Sin más recursos. Sin más información. Sin más tiempo.

Y eso sigue siendo suficiente. Siempre lo fue.

Díselo también a tu yo del pasado. Ese personaje, muy tranquilamente, con toda la calma de quien ya sabe cómo termina la historia, te va a preguntar una sola cosa:

— ¿Y entonces… por qué tienes miedo?

Jesus Eusse

Jesus Eusse

Ingeniero apasionado por la tecnología y desarrollo personal

También te puede interesar

Comparte este artículo