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¡Adios becarios! Serán los primeros despedidos

La IA no destruye empleos de un jalón. Los va desmantelando tarea por tarea, y el primero en caer siempre es el que hacía las cosas más repetitivas. ¿Adivinas quién?

¡Adios becarios! Serán los primeros despedidos

El trabajo no desaparece. Desaparecen las tareas que nadie quería hacer

Hay una narrativa que vende bien en redes: "la IA va a dejarte sin trabajo". Dramático, sí. Preciso, no tanto. Lo que en realidad está pasando —y lo que las empresas más inteligentes ya están aprovechando— es que la IA no reemplaza empleos completos de un golpe. Va por las tareas. Una por una. Como quien deshuesa un pollo.

Tres economistas del MIT —Erik Brynjolfsson, Tom Mitchell y Daniel Rock— desarrollaron un marco para analizar exactamente eso: no "¿qué trabajos va a eliminar la IA?", sino "¿qué tareas dentro de cada trabajo puede automatizar o mejorar?". Y resulta que esa distinción lo cambia todo.

Un trabajo es una colección de tareas. Y no todas valen lo mismo

Piénsalo así: si has pedido alguna vez a un mesero del restaurante de tu colonia que te traiga la cuenta, ya sabes que su trabajo no es solo eso. El mesero toma pedidos, corre a la cocina, explica el menú, cobra, y de vez en cuando también media conflictos entre el cliente y el cocinero. Es exactamente igual con cualquier puesto: es un paquete de tareas, no una sola función.

Entonces el ejercicio real no es preguntarte "¿la IA puede reemplazar a mi recepcionista?" sino "¿cuáles de las tareas que hace mi recepcionista podría hacer la IA hoy, y cuáles todavía necesitan un ser humano con paciencia infinita?"

El caso del restaurante de la esquina (sí, el de siempre)

Supón que tienes una taquería en Toluca. Tu operación diaria incluye más o menos esto:

  • Tomar pedidos en persona o por WhatsApp
  • Responder a clientes que preguntan el horario (todos los días, la misma pregunta)
  • Registrar ventas del día
  • Recordarle al proveedor que traiga tortillas
  • Responder reseñas en Google Maps (incluyendo las de una estrella que claramente llegaron borrachos)

Ahora califícalas. Responder preguntas repetitivas por WhatsApp: alto. Registrar ventas del día: alto. Responder reseñas con diplomacia: medio-alto. Tomar pedidos en persona con el carisma necesario para que el cliente no se vaya molesto: todavía bajo.

No se trata de despedir a nadie. Se trata de dejar que la IA haga lo aburrido para que la persona haga lo que realmente requiere criterio, carisma o sentido común —que curiosamente siguen siendo escasos.

Aumentación vs automatización: no es lo mismo y el orden importa

Aquí hay dos caminos, y confundirlos puede costarte caro.

La aumentación es cuando la IA ayuda a una persona a hacer mejor su trabajo. Es como cuando una manicurista usa una lámpara UV nueva: sigue siendo ella quien diseña, quien habla con la clienta, quien decide qué queda bien. La herramienta la hace más rápida y precisa, no la reemplaza.

La automatización es cuando la IA completa la tarea sola, sin intervención humana. Es como el recordatorio automático de cita que ya mandan algunos salones por WhatsApp. Nadie lo escribe a mano. Sale solo. La manicurista ni se entera.

Lo que pasa en la práctica es empezar por la aumentación. Dejas que la IA proponga, sugiera o genere un borrador, y un humano lo revisa antes de que llegue al cliente. Cuando ya confías en el resultado, sueltas el control y la automatización hace su parte. Nada de tirarse al vacío desde el primer día.

¿Cómo evaluás qué tareas tienen potencial? Dos preguntas, nada más

1. Factibilidad técnica: ¿puede la IA hacerlo hoy? Una forma fácil de pensarlo —sin saber nada de programación— es preguntarte: si le diera instrucciones muy claras a alguien que recién entró a trabajar y nunca ha visto este negocio, ¿podría completar esta tarea siguiendo esas instrucciones? Si la respuesta es sí, probablemente una IA también puede. Si la tarea requiere años de criterio acumulado o leer el estado de ánimo de alguien, todavía no.

2. Valor de negocio: ¿cuánto tiempo se pierde en esa tarea hoy? ¿Hacerla más rápido o más barato cambia algo importante? Aquí muchos negocios se sorprenden: hay tareas que parecen pequeñas pero que al automatizarse liberan tiempo que antes nadie calculaba.

Un barbero, por ejemplo, puede pasar entre 30 y 60 minutos al día respondiendo mensajes de WhatsApp para agendar citas. No es mucho, pensarías. Pero en una semana son casi 4 horas. En un mes, más de 15. Parecido a contratar a alguien medio tiempo para hacer solo eso, excepto que ese "alguien" cobras tú con tu tiempo.

Y sí, el becario es el primero en la lista

Seamos honestos. La mayoría de los becarios en México hacen exactamente las tareas con mayor potencial de automatización: capturar datos, buscar información, redactar respuestas estándar, generar reportes básicos. No porque sean malos, sino porque así fue diseñado el sistema. Alguien tiene que hacer lo tedioso, y siempre cayó en quien cobra menos.

Eso está cambiando. No porque las empresas sean crueles —bueno, algunas sí— sino porque ya existe tecnología que hace esas tareas en segundos y sin quejarse por el sueldo. El movimiento inteligente no es alarmarse, sino reconocerlo y rediseñar qué hace cada persona cuando lo repetitivo deja de ser su responsabilidad.

Las pymes que sobreviven los siguientes cinco años no serán las que tengan más gente. Serán las que sepan qué tareas entregar a una IA y cuáles siguen necesitando manos, criterio y una sonrisa que no da lástima.

Cómo empezar sin morir en el intento

No necesitas un equipo de tecnología ni un presupuesto enorme. El ejercicio es simple:

  1. Haz una lista de todas las tareas que hace tu equipo —o tú mismo— en una semana típica.
  2. Evalúa cada una: ¿cuánto tiempo toma? ¿Requiere criterio humano real o es básicamente seguir instrucciones?
  3. Prueba. Toma esas tareas con mayor potencial y mételas a un modelo de lenguaje. No reveles información confidencial, pero experimenta. El resultado te va a sorprender —para bien o para mal, pero al menos ya sabrás.
  4. Empieza con aumentación: deja que la IA proponga y tú decides. Conforme confías, automatizas.

No hay una base de datos oficial para México equivalente al O*NET estadounidense, pero el ejercicio de listar tareas es algo que cualquier dueño de negocio puede hacer en una tarde. Y vale más esa tarde que tres meses de esperar a que alguien más lo haga por ti.

Resumen: Método de Esquema

  • La IA automatiza tareas, no empleos completos — cada puesto es un conjunto de tareas con distinto potencial.
  • Primero lista las tareas — ¿qué hace realmente tu equipo día a día?
  • Evalúa con dos criterios — factibilidad técnica (¿puede la IA hacerlo?) y valor de negocio (¿vale la pena?).
  • Aumentación antes que automatización — la IA propone, el humano valida; cuando hay confianza, se suelta.
  • Las tareas repetitivas caen primero — captura de datos, respuestas estándar, agendas por WhatsApp.
  • Las pymes mexicanas ya pueden hacer esto — no se necesita presupuesto grande, solo honestidad sobre qué tareas existen.
  • El becario no está maldito, pero sí en riesgo — a menos que evolucione hacia tareas que requieran criterio real.
Jesus Eusse

Jesus Eusse

Ingeniero apasionado por la tecnología y desarrollo personal

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